La pívot de Washington Mystics y ex figura de UCLA, Lauren Betts, fue distinguida el miércoles como Mejor Atleta Universitaria del año en la categoría femenina de los premios ESPY 2026, entregados en el Teatro David H. Koch del Lincoln Center, en Nueva York. El galardón —que reconoce a atletas destacadas del deporte universitario estadounidense— le llegó de manos del pívot de Miami Heat Bam Adebayo y el rapero French Montana, y se suma a una temporada que ya la había consagrada como una de las grandes figuras del básquet femenino.
Betts se impuso a otras tres finalistas de disciplinas distintas: la voleibolista de Pittsburgh Olivia Babcock, la gimnasta de Oklahoma Faith Torrez y la jugadora de lacrosse de Northwestern Madison Taylor.
El reconocimiento corona una temporada histórica: Betts lideró a UCLA hacia el primer título nacional de la NCAA en la era moderna del programa, con una campaña de 37 victorias —récord institucional— y una final resonante ante Dawn Staley y las Gamecocks de Carolina del Sur, resuelta 79-51 a favor de las Bruins.
Semanas después de coronarse campeona, Betts fue elegida en el cuarto puesto del Draft 2026 de la WNBA por Washington Mystics, franquicia con la que hoy disputa su primera temporada profesional.
Un discurso que trascendió lo deportivo
Lo más recordado de la noche, sin embargo, no fueron sus números. Al recibir el trofeo, Betts dedicó buena parte de su discurso a hablar abiertamente de su salud mental, un tema que viene instalando en la conversación pública desde hace meses. Aseguró que su salud mental no está separada de su éxito, sino que es la base de todo lo que hace, y que las personas más fuertes no son las que nunca atraviesan dificultades, sino las que tienen el coraje de dejar que alguien las acompañe en ese proceso.
La frase resonó porque no fue una declaración aislada: forma parte de una militancia sostenida que Betts empezó a construir públicamente meses atrás, cuando decidió contar en primera persona una etapa muy dura de su vida.
De la oscuridad a la vidriera pública
La historia de Lauren Betts no empieza en la final de la NCAA ni en el escenario de los ESPY: empieza en un pasillo de hospital.
Betts, de 22 años, mide 2,01 metros y llegó a Stanford como la reclutada número uno del país en su generación. Pero detrás de esa proyección deportiva había una historia de presión constante: de chica sufrió bullying por su altura, y esa carga emocional se combinó después con las exigencias del deporte de elite universitario.
Hacia el final de su primer año en Stanford —etapa en la que también definía su pase a UCLA— empezó un cuadro que ella misma describió como una sensación de estar “adormecida”, como si flotara sin hundirse del todo. Se prolongó durante unos seis meses, hasta que una mañana la angustia y la ansiedad la desbordaron de golpe.
Ese proceso derivó, en 2024, en una decisión que marcaría un antes y un después: Betts llamó a la preparadora física de su equipo y se internó por su propia voluntad en la guardia psiquiátrica del UCLA Medical Center. Debido a la falta de camas disponibles, pasó su primera noche en una camilla, en un pasillo, en medio de un clima de mucha tensión. En ese momento se ausentó de la actividad del equipo —llegó a perderse varios partidos en enero de ese año— para concentrarse de lleno en su recuperación.
La terapia se convirtió en el eje de ese proceso. Al principio le costó adaptarse a un ritmo de sesiones casi diarias, pero con el tiempo el acompañamiento profesional —sumado al sostén incondicional de su madre, Michelle Betts, quien se instaló una semana entera en Los Ángeles para estar cerca de ella— le permitió reconstruir la relación con su propia mente.
Cuando volvió al equipo, no hubo discursos preparados: se sentó con sus compañeras en la sala de video y les contó, sin vueltas, que había estado atravesando una depresión y que lamentaba haberse tenido que ausentar. La respuesta, según relató después, fue inmediata: abrazos, lágrimas y un alivio compartido que la ayudó a soltar buena parte del peso que cargaba.
Salir a hablar del tema, en sus propios términos
En marzo de 2026, semanas antes de la consagración de UCLA en la Final Four, Betts decidió contar toda la historia en un texto publicado por The Players’ Tribune. El artículo tuvo una repercusión inmediata dentro y fuera del ambiente universitario, porque exponía con crudeza que incluso las máximas figuras del deporte colegial atraviesan procesos así de difíciles.
Betts es hija de Andy Betts, exjugador profesional de básquet de origen británico, y de Michelle Betts, excampeona universitaria de vóley; y hermana de Sienna Betts, también jugadora de UCLA. Ese entorno deportivo, dijo, la marcó desde chica, pero también fue clave en su recuperación.
Desde entonces, Betts se convirtió en una voz activa sobre bienestar emocional en el deporte femenino. Ha remarcado, en distintas entrevistas —incluida una charla reciente con la exjugadora y actual referente de la WNBA Sue Bird—, que se siente sanada respecto de la etapa más dura, pero que prefiere ser realista: su salud mental, dice, no es perfecta, sino un proceso continuo.
Fuentes: The Players’ Tribune, NPR, Yahoo Sports, Daily Bruin, Gold Crown Foundation






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