Recorte de una imagen publicada por AAAJ, con motivo de los once años del movimiento “Ni una menos”.
En julio pasado, Federico Molinari, ex gimnasta olímpico finalista en Londres 2012, fue condenado por grooming a una adolescente de 16 años que asistía a su gimnasio. Este mismo año, Diego Guacci, ex DT de Selecciones Juveniles AFA, enfrentó audiencias públicas en el Senado donde futbolistas rompieron el anonimato para denunciar un patrón sistemático de hostigamiento, pedidos de fotos eróticas a cambio de la titularidad y maltrato psicológico. Recientemente, la Justicia de Bahía Blanca ordenó la detención urgente en Mar del Plata de Horacio “Chacho” Asensio, acusado de abuso sexual gravemente ultrajante contra adolescentes que dirigía en Monte Hermoso años atrás.
Estos no son casos aislados. En Argentina (y en muchos otros lugares del mundo) la violencia de género en el deporte existe, está documentada y, en algunos casos, probada judicialmente. Sin embargo, no está sistemáticamente medida, no se previene de manera integral y no se gobierna con perspectiva de derechos.
Lo que no se mide también es violencia
La falta de estadísticas oficiales y centralizadas es una deuda pendiente en el país. De acuerdo con el Foro Argentino de la Mujer en el Deporte (FAMUD), los casos de acoso o abuso dentro de los clubes suelen visibilizarse de forma aislada mediante denuncias judiciales o mediáticas, repitiendo patrones de silencios institucionales y denuncias tardías por miedo o desprotección.
En los relevamientos federales sobre discriminación en el deporte del ex INADI (que datan de 2022), se determinó que el 62% de los clubes argentinos no realizaba ningún taller de formación en género o derechos humanos para sus comisiones directivas, entrenadores o socios. En la misma línea, el estudio “Sexo y Poder en el Deporte Argentino”, de la Fundación Mujeres en Igualdad (también de 2022), se reflejaba la bajísima representación de las mujeres en los espacios donde se toman las decisiones y se diseñan las políticas de seguridad. El estudio hacía hincapié en que la falta de mujeres en las dirigencias influye directamente en la lentitud para aplicar protocolos efectivos contra las violencias.
El patrón no es exclusivo de Argentina
De acuerdo con el informe “Entrená Segura”, impulsado por la Asociación para Mujeres en el Deporte profesional (AMDP) y la tecnológica URIAXAIT, en España, el 84% de las deportistas desconoce si existen protocolos de prevención de acoso y delitos sexuales en sus instalaciones deportivas. El reporte, que busca reflexionar sobre la percepción de seguridad de las mujeres en instalaciones deportivas, con una subvención del Ministerio de Igualdad, revela carencias estructurales y emocionales que afectan a la seguridad de las mujeres en el deporte y pueden favorecer el abandono de la práctica deportiva.
De manera similar, un reporte realizado por el PNUD México en 2025 mostró que el 78% de las mujeres vinculadas al fútbol (jugadoras, entrenadoras, árbitras, directivas y periodistas) declaró haber experimentado algún tipo de violencia de género en su entorno laboral o deportivo. El 54% de las encuestadas reportó haber sufrido discriminación directa por razones de género u orientación sexual, lo que incluye tratos desiguales y exclusiones deliberadas en su desarrollo profesional. Mientras que el 41% de las participantes denunció haber vivido episodios de acoso sexual dentro del ámbito del fútbol.
El informe del PNUD advertía críticamente sobre la existencia de vacíos legales en la Ley General de Cultura Física y Deporte de México. El documento señalaba que el marco normativo actual no cuenta con herramientas o sanciones lo suficientemente claras y efectivas para castigar la violencia de género, lo que genera desprotección y la urgente necesidad de implementar protocolos estandarizados y obligatorios en los clubes y federaciones.
La brecha entre protocolos y realidad
El ámbito donde más se ha investigado a nivel académico (con estudios del CONICET y universidades nacionales) es el fútbol. A partir de reclamos colectivos de socias y deportistas, se impulsó la creación de Áreas de Género y Protocolos de Acción institucional en la mayoría de los clubes de Primera División de la AFA. No obstante, las investigaciones apuntan a que estos espacios suelen “correr de atrás” frente a las denuncias de acoso y abuso, lidiando con resistencias culturales y la falta de presupuesto para aplicarlos de manera preventiva.
Por su parte, los análisis del Observatorio de la Discriminación en Radio y TV, sobre las señales deportivas, muestran que las mujeres ocupan un lugar marginal en las transmisiones, lo que perpetúa entornos deportivos muy masculinizados donde es más complejo denunciar situaciones de incomodidad o acoso.
La falta de estadísticas centralizadas obliga a que la única vía de visibilización sea la denuncia penal individual o el escrache público mediático. Además, la ineficacia de los protocolos hace que las jugadoras teman denunciar internamente. Casos como el de Guacci (fútbol) o Asensio (hockey) prueban que los canales internos de los clubes fallan o encubren, provocando que las víctimas tengan que recurrir a otros caminos.
Casos de violencia de género en el deporte argentino
El caso Jorge Martínez (Boca Juniors). En 2024, la justicia penal argentina dictó una condena histórica por abuso sexual contra el ex DT del plantel femenino de Boca Juniors. El fallo judicial sentó un precedente al remarcar la necesidad de juzgar con perspectiva de género dentro de las instituciones deportivas.
Fútbol Femenino de Ascenso. Años antes, en 2022, fueron detenidos Omar y Diego Giménez (padre e hijo), quienes se desempeñaban como la dupla técnica de las divisiones inferiores femeninas del Club Argentino de Quilmes. Fueron capturados bajo cargos de abuso sexual agravado y grooming tras las denuncias de futbolistas juveniles e infantiles.
El caso Diego Guacci (ex DT de Selecciones Juveniles AFA). El caso cobró máxima relevancia pública a lo largo de 2026. En 2021, un grupo de futbolistas lo denunció ante el Comité de Ética de la FIFA con el respaldo de FIFPro. La FIFA archivó provisionalmente la causa por “falta de pruebas”, permitiendo que el técnico siguiera ejerciendo. Sin embargo, este año, en una audiencia conjunta en el Senado de la Nación de Argentina, varias futbolistas rompieron el anonimato y denunciaron un patrón sistemático de hostigamiento, pedidos de fotos eróticas a cambio de la titularidad y maltrato psicológico. (El DT insiste en la falsedad de los hechos basándose en el antiguo dictamen de la FIFA).
La detención de Asensio en Mar del Plata. La Justicia de Bahía Blanca ordenó la detención urgente en Mar del Plata de Horacio “Chacho” Asensio, acusado de abuso sexual gravemente ultrajante contra adolescentes que dirigía en Monte Hermoso años atrás. Pese a que la Confederación Argentina de Hockey (CAH) ya había tomado conocimiento de alertas en 2013-2014, el expediente judicial estuvo paralizado por más de una década hasta que las nuevas declaraciones de las víctimas reactivaron la captura. El caso causó la indignación pública de exreferentes de Las Leonas, quienes denunciaron en redes que “muchos lo sabían y lo seguían contratando”, ya que Asensio seguía dirigiendo activamente en Mar del Plata pese a las alertas previas.
La condena a Federico Molinari. En julio pasado, la Justicia dictó una condena penal por el delito de grooming contra el ex gimnasta olímpico y finalista en Londres 2012, Federico Molinari. Fue sentenciado a un año y ocho meses de prisión en suspenso por el asedio cibernético y mensajes de tono sexual dirigidos a una atleta de 15 años que entrenaba en su gimnasio de Don Torcuato. El fallo judicial fue tajante al señalar la pasividad de los organismos de contralor y la falla institucional en proteger a la menor.
Víctimas menores, abusos dentro de clubes, silencios institucionales prolongados, denuncias tardías por miedo o desprotección, y muchas veces, conocimiento previo y alertas que fueron ignoradas. El desafío no es solo visibilizar los casos, sino transformar las estructuras que los permiten. Porque mientras el deporte siga reproduciendo desigualdades de poder, la cancha y los clubes seguirán siendo un lugar inseguro para muchas deportistas.






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