La confirmación de que Lucina von der Heyde representará a Alemania a partir de 2026 marca el cierre de su ciclo con Las Leonas y reabre el debate sobre la gestión del hockey argentino. Más allá de la decisión individual, el caso expone tensiones que el sistema arrastra desde hace varios años.
La mediocampista misionera, nacida en Posadas y formada deportivamente en River Plate, fue una de las jugadoras más relevantes de su generación. Integró Las Leonas durante más de una década, superó el centenar de partidos internacionales, fue campeona del Champions Trophy 2016, participó de los Juegos Olímpicos de Río y recibió en 2018 el reconocimiento de la Federación Internacional de Hockey (FIH) como Mejor Jugadora Joven del Mundo. Su proyección deportiva nunca estuvo en discusión.
El vínculo con el seleccionado comenzó a mostrar interrupciones en 2019, cuando decidió bajarse de la preparación previa a los Juegos Panamericanos de Lima. Tras los Juegos Olímpicos de Tokio, regresó parcialmente al plantel y participó en la Pro League 2022-2023, pero volvió a quedar fuera de procesos posteriores. Luego de París 2024, no fue incluida en las convocatorias del nuevo ciclo, lo que derivó en el cierre definitivo de su etapa con la selección argentina.
“Lucina no dejó a Las Leonas, sino que Las Leonas la dejaron a ella”, había dicho su padre en entrevista con un medio misionero.
En el trasfondo aparece un punto recurrente: las condiciones de preparación del seleccionado nacional. El hockey argentino sostiene desde hace años un esquema que prioriza la presencia prolongada de las jugadoras en el país durante concentraciones y ciclos de entrenamiento previos a competencias internacionales. Este modelo busca asegurar continuidad de trabajo y cohesión deportiva, pero presenta dificultades para quienes residen y compiten en ligas europeas.
Von der Heyde vive en Alemania desde 2018 y desarrolla su carrera profesional en el Mannheimer HC. Según explicó la jugadora en distintas entrevistas, la falta de convocatorias tras París y diferencias en la planificación terminaron por debilitar su vínculo con el proceso argentino.
La posibilidad de representar a Alemania no es reciente. Con ciudadanía europea por ascendencia familiar y residencia estable en el país, la volante inició el trámite conforme a la normativa de la FIH, que exige un período mínimo de tres años sin actividad internacional con otra selección. Ese plazo se cumple en marzo de 2026, lo que habilita su debut con el equipo alemán en las próximas ventanas competitivas.
El caso se inscribe en una tendencia más amplia dentro del hockey argentino, donde jugadores y jugadoras que desarrollan su carrera en el exterior enfrentan desafíos para integrarse a los procesos locales. En los últimos años hubo antecedentes de cambios de federación, lo que abrió discusiones sobre modelos de gestión, planificación del alto rendimiento y adaptación a trayectorias deportivas internacionalizadas.
Para el hockey argentino, la salida de una jugadora con el recorrido de Von der Heyde no implica solo la pérdida de experiencia en cancha, sino también la necesidad de revisar cómo se articulan las exigencias del seleccionado con la realidad profesional del deporte moderno.
Mientras Von der Heyde inicia su etapa con Alemania, su recorrido deja planteada una discusión que excede lo individual: cómo equilibrar la identidad y el proyecto deportivo del seleccionado con carreras cada vez más globales. En ese punto se juega buena parte de la capacidad del sistema para retener talento y sostener competitividad en el hockey internacional.
“Sinceramente fue una decisión super difícil que me costó casi un año tomarla, de no poder dormir y con un montón de sentimientos. Pero en Alemania me dieron la posibilidad, me mostraron que me querían tener en el equipo y la verdad que me hicieron sentir muy bien; por eso tomé la decisión y hoy en día estoy muy contenta”, dijo Von der Heyde.
A continuación, el descargo de Von der Heyde, publicado en su cuenta de IG:
En estos días en los que se escribieron y publicaron muchas cosas sobre mi decisión de jugar para la Selección Alemana, siento la necesidad de salir a contar mi lado de la historia.
Desde chica, mi sueño fue representar a la Argentina al máximo nivel. Quienes me conocen saben el enorme esfuerzo que hice para cumplirlo: dejando mi casa, mi familia y mis amigas desde muy pequeña, haciendo esfuerzos físicos, mentales y también económicos. Representé a la Argentina durante muchos años con orgullo, humildad, entrega y responsabilidad. Eso nadie me lo puede quitar, y tampoco pueden decir que no lo intenté.
Durante años estuve disponible, entrené, esperé y respeté procesos y decisiones que no siempre compartí, pero que acepté desde el compromiso y el amor por la camiseta. A diferencia de lo que se dijo, no hubo tal renuncia. Hubo largos períodos sin convocatoria, sin comunicación y sin un lugar dentro de los procesos que fueron pasando. Durante todo ese tiempo, nadie del cuerpo técnico ni del plantel actual se contactó conmigo para saber qué iba a pasar con mi carrera internacional.
Quiero ser muy clara con esto: mi decisión no es en contra de la Argentina, no es en contra del entrenador ni del equipo. Es simplemente consecuencia de una realidad concreta: hace casi tres años que en mi país no tengo la posibilidad de jugar a nivel internacional. Y para una deportista de alto rendimiento, esa falta de oportunidades también define el rumbo de una carrera.
Esta decisión no fue nada fácil. Me llevó mucho tiempo tomarla por todo lo que implicaba. Pero seguir con mi carrera internacional es una decisión basada en mi ambición, en mis ganas de seguir cumpliendo sueños. El hockey de alto rendimiento no espera: las carreras son cortas y las oportunidades, limitadas. Cuando un contexto deja de ofrecerte la posibilidad de competir, crecer y desarrollarte, seguir esperando indefinidamente también es una forma de resignar tu carrera, Lejos está de ser una traición a mi país o una decisión tomada por un motivo económico, como tanto se mencionó.
Alemania me abrió una puerta cuando esa puerta estaba cerrada en mi país. Me vio, me valoró y me dio la posibilidad de seguir compitiendo al máximo nivel, permitiéndome ser yo en mi máxima expresión. Hoy soy feliz y estoy profundamente agradecida de tener esa posibilidad y de poder seguir disfrutando del deporte que tanto amo. Aceptar eso no borra mi historia, no niega mi pasado ni invalida todo lo que di por Argentina. Todo lo contrario: honra el camino recorrido.
Como siempre, le deseo lo mejor a mi país. Pero hoy no solo no tengo la posibilidad de jugar ahí, sino que tampoco me siento representada por los valores ni por las formas. Hoy me toca a mí, pero son muchos los jugadores talentosos que dieron mucho por la Argentina y no fueron valorados, sino desplazados de manera abrupta de su lugar. Ojalá quienes conducen el hockey en nuestro país, dirigentes, entrenadores y referentes dejen ese ego y los intereses personales de lado y aprendan a poner la camiseta argentina por encima de todo.






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