Luciana Aymar: “Para mí era muy importante revolucionar el deporte”

Luciana Aymar: “Para mí era muy importante revolucionar el deporte”

Foto: Grupo Omint.

Como parte del ciclo “El lado B del éxito”, propuesto por Grupo Omint como parte de su programa corporativo #SaludActiva, Julieta Puente entrevistó a la ex Leona, nombrada ocho veces como mejor jugadora de hockey del mundo, Luciana Aymar.

A lo largo de la charla, la leyenda del hockey sobre césped contó cómo vivió la exigencia, la presión y el proceso de reencontrarse consigo misma después del retiro. La importancia de la mente, la resiliencia y de aprender a soltar una vida dedicada al alto rendimiento. 

“El deportista vive una competencia interna muy fuerte consigo mismo -sostuvo Aymar al inicio de la entrevista-. La mayor competencia es con nuestra mente, porque siempre querés dar un poquito más en cada entrenamiento, en cada partido y te exigís al máximo. Estás preocupada por el descanso, la alimentación, tus compañeras… Porque con el talento individual no se ganan los torneos, sino con el esfuerzo del grupo”. 

Revolucionar el deporte

“Me gustaba ser la mejor y que me eligieran como la mejor de cada torneo. Pero también sabía que atrás tenía un equipo que me bancaba, que nos esforzábamos todas juntas y que yo era la mejor porque atrás tenía a 10 o 15 gladiadoras que hacían que yo fuera la mejor”, cuenta Luciana Aymar.

Declarada por la Federación Internacional de Hockey como “Leyenda del Hockey”, tiene el récord tras haber sido reconocida como “Mejor Jugadora del Mundo” en ocho ocasiones (2001, 2004, 2005, cuatro consecutivas de 2007 a 2010 y 2013).​

“Para mí era muy importante revolucionar el deporte -agrega-. Nosotras veníamos de un deporte que era totalmente invisible, amateur. Hace 25 años muy poca gente sabía cómo se jugaba el hockey. Transformar eso fue una de las cosas que más orgullo me da; posicionarlo al punto de que hoy sea quizás el deporte más popular en las mujeres”. 

La construcción de una líder

“Mi forma de liderar era a través del ejemplo, de cómo transmitir mis emociones en la cancha, de ser siempre positiva, de arrastrar al equipo hacia delante. De dar el ejemplo en los entrenamientos. Para mí era muy importante llegar puntual, irme última y, en cada entrenamiento, en cada ejercicio, tratar de ser mi mejor versión. Eso se va transmitiendo a las más chicas. Esa era mi forma de liderar, y quizás no tanto mediante la palabra”, expresa Lucha Aymar. 

Esto, agrega, tiene que ver con cómo era Lucha Aymar adentro y afuera de la cancha: “En la cancha me ponía el traje de Leona y me transformaba. Era muy aguerrida. Pero afuera, era muy introvertida y tímida. Quizás esa misma inseguridad era la que hacía que me entrenara constantemente, quizás mucho más que el resto, para ser cada vez mejor”. 

Sin embargo, hubo un punto de quiebre en su carrera, una charla, con la psicóloga del equipo y el cuerpo técnico, formado en ese momento por Cachito Vigil y Gabriel Minadeo, en el que Aymar tuvo que decidir si ser esa jugadora destacada que podía ser o ser una jugadora más. “El talento lo tenía. Pero eso solo no alcanzaba. Lo que te va a destacar es tu resiliencia en la parte mental”, cuenta. 

Ese punto de inflexión fue después de haber ganado el Panamericano de Winnipeg, Canadá, en 1999. “Tenés todo para ser líder y para poder guiar un equipo. O sea, está solamente en vos, en tu personalidad, si lo querés hacer”, cuenta Aymar que le dijo su cuerpo técnico. Y agrega: “En ese momento, yo ya era titular y guiaba al equipo desde el juego; pero terminaba el partido, agarraba mi bolso y me iba. Entonces me dijeron que no se trataba solo de guiar dentro de la cancha, sino también afuera. Hablar con los medios. Tuve que aprender toda esa parte. Fue un proceso muy lindo que me llevó a convertirme en la capitana de las Leonas, y fortaleció mi carácter, forjó una linda personalidad que hoy trato de transmitir en mi día a día, con mis hijos, en cada cosa que hago”.

La decisión del retiro

Uno piensa que siempre está preparado para el retiro. Sin embargo, aún sin darse cuenta, hay factores externos que generan una presión que subyace a medida va pasando el tiempo. En cada partido, cada torneo, siempre la mima pregunta de parte de los medios, la gente, incluso el círculo más íntimo. ¿Cuál va a ser el último? 

“Uno, como deportista, a veces no sabés cuándo puede llegar ese momento. Me sentía presionada por dar una respuesta, pero todavía me sentía plena físicamente, y sentía que estaba bien”, cuenta. “Siempre digo que tuve una señal muy importante que fue en el Mundial 2014. Me acuerdo que jugaba contra Alemania y ese día llegaba mi familia a Holanda y alguna de mis amigas porque sabían que era mi último mundial. Fue una presión tan grande, diferente… Era como la despedida de Lucha. Entré a jugar con esa angustia en mi cabeza, la gente estaba pensando que era mi despedida -y yo también-, pensando en que me estaba por retirar, en los años dedicados al deporte, a la Selección Argentina, en cómo iba a ser mi vida tras ese retiro y demás. Me lesioné. Mi familia me vio jugar 10 minutos y después pasé tres partidos sin jugar. Fue durísimo, fue de las cosas más difíciles que me tocó vivir. Y ahí dije, esto es una señal. Se venía una Champions Trophy en Mendoza, y decidí que ese sería mi último torneo. Lo disfruté a pleno. Ganamos. Me dieron el premio a mejor jugadora por octava vez. Yo creo que presionados porque me estaba retirando. Pero fue todo muy lindo”, rememora. 

El después

Tras el retiro, la vida de Lucha Aymar estuvo plagada de eventos, presentaciones, incluso la película “Jugando con lo imposible”, lo cual la mantenía relacionada de alguna manera con el deporte y sin sentir los efectos del “divorcio”. 

Pero llegó el momento crucial. Ese en el que las Leonas volvían a los entrenamientos y al calendario de partidos y torneos, pero Lucha Aymar no. 

“Ahí empecé a sentir ese vacío, a no sentir el propósito de tener la necesidad de estar representado a mi país, de ir a jugar un mundial, un juego olímpico. Fue terrible. De hecho, me costaba ver a las Leonas jugar en televisión. Me angustiaba mucho”, recuerda la Leona. 

Y si bien fue un arduo trabajo de buscar otras cosas donde poner esa adrenalina, Aymar asegura que para un deportista de alto rendimiento es algo casi imposible. Sin embargo, dice que hoy se siente plena: “La familia no vino muy rápido. Encontré a Fernando, y en él a una persona que me ayudó a cerrar esa etapa de mi vida. Él también es deportista retirado y la vida me lo puso en el camino y me ayudó a sanar. Empecé a conocer más a Luciana persona. Creo que en mis últimos años de Selección, o quizás en el último, sentía que tenía la necesidad de entrenar muchas horas para no ponerme a pensar en lo que iba a venir después”. 

En este sentido, cuenta una anécdota de una charla con su mamá, que le permitió hacer ese clic para soltar. “Me acuerdo que mi mamá me decí: ‘Luciana, ya está. Por favor, quiero verte disfrutando de la vida, de detalles simples, de ir con tus amigas a algún lado, de viajar con tu familia, de estar acá comiendo un asado sin tener que estar preocupada de volverte para entrenar. Lo diste todo, ya tenés todo’. Y con ese mensaje de mi mamá pensé que era verdad, que tenía que soltar y enfrentar la vida. Porque lo que yo no quería era enfrentar la vida y ponerme a pensar ‘¿y ahora qué hago con mi vida? ¿Quién soy si ya no soy más lucha aymar? ¿Qué voy a hacer ahora?’. Pero si yo no me proponía buscar otra versión de mí misma, nadie lo iba a hacer”. 

***

Luciana Aymar comenzó a jugar al hockey en Rosario, su ciudad natal, en el Club Atlético Fisherton, donde cuenta que, además, hacía otros muchos deportes. A los 13 años pasó al Jockey Club de esa ciudad. 

Fue integrante de la Selección nacional entre 1998 y 2014 y capitana desde 2009. Con Las Leonas participó en cuatro Juegos Olímpicos, logrando cuatro medallas consecutivas, dos de plata (Sídney 2000 y Londres 2012) y dos de bronce (Atenas 2004 y Pekín 2008). A su vez, compitió en cuatro Campeonatos Mundiales, de los cuales fue campeona en 2002 y 2010. También cuenta en su haber con los títulos de seis Champions Trophy (2001, 2008, 2009, 2010, 2012 y 2014) y tres medallas de oro en Juegos Panamericanos (1999, 2003 y 2007).​

Entre el 2000 y hasta 2007, jugó para el Quilmes Atlético Club con el cual obtuvo el subcampeonato del Torneo Metropolitano Femenino en 2006. En 2008, comenzó a jugar con el club Gimnasia y Esgrima, con quienes conquistó tanto la Liga Nacional Femenina de Hockey como el Torneo Metropolitano Femenino en 2008 y 2009.

Su trayectoria incluyó el paso por equipos fuera de Argentina, como el Rot Weiss Köln, de Alemania, con quienes fue campeona de la Liga alemana en 1998. Posteriormente, en 2004, jugó en el Real Club de Polo de Barcelona, en España, donde ganó la Copa de la Reina.

“Hoy veo mi carrera y no puedo creer todo lo que hice. 20 años en este deporte. Muchas veces me preguntan de dónde sacaba la motivación, después de haber sido campeona del mundo, de haber ganado Champions, ser mejor jugadora… Pero yo me seguía quedando después de los entrenamientos de la Selección porque pensaba que siempre hay algo más que se puede hacer. Y yo necesitaba la perfección y la seguridad también en mí misma. Por otro lado, hoy soy muy feliz y tengo una familia plena y agradezco a la vida los dos bombones que tenemos, que para mí son las dos medallas más importantes de mi vida”, concluye Aymar.
La entrevista completa puede verse en este link.